En pleno Día de Muertos, familiares de desaparecidos llevaron cruces blancas al panteón San Rafael para reclamar respuestas ante una crisis forense que sigue acumulando cuerpos sin identificar y familias que desconocen el destino de sus seres queridos.
Ciudad Juárez, Chih.— Mientras miles de familias acudieron este 2 de noviembre a los cementerios para recordar a sus difuntos, alrededor de 20 madres buscadoras y familiares de personas desaparecidas protagonizaron una jornada de exigencia en Ciudad Juárez, donde reclamaron a las autoridades acelerar la identificación de más de 3 mil personas que, de acuerdo con información señalada por sus representantes, se encuentran en la fosa común del panteón municipal San Rafael.
La manifestación, denominada “Identificar también es buscar”, puso nuevamente sobre la mesa la crisis de identificación forense que enfrenta la frontera, donde numerosas familias continúan buscando a sus hijos, esposos, hermanos y otros seres queridos, sin saber si permanecen con vida o si sus restos se encuentran entre los cuerpos sepultados sin nombre.
Fabián Lucero, encargada de Comunicación del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, informó que la movilización fue organizada por madres y familiares de personas desaparecidas, con el acompañamiento de esta organización defensora de derechos humanos.
La actividad contempló una ceremonia religiosa durante la cual serían bendecidas cruces blancas con mensajes de denuncia, para posteriormente emprender una caminata de aproximadamente dos kilómetros hasta la fosa común, donde las participantes colocarían flores, veladoras y cruces en memoria de quienes permanecen sin ser identificados.
Sin embargo, detrás del acto simbólico existe una exigencia que rebasa la conmemoración del Día de Muertos: que las autoridades transformen los expedientes, registros genéticos y restos humanos bajo resguardo oficial en identificaciones que permitan dar respuestas concretas a las familias.
La magnitud del problema quedó nuevamente expuesta el pasado 11 de septiembre, cuando la Fiscalía General del Estado realizó la inhumación de otros 117 cuerpos sin identificar o reclamar en el panteón San Rafael, correspondientes a 109 hombres y ocho mujeres.
De ese total, 41 hombres presentaban muertes relacionadas con hechos violentos, mientras que los demás fallecimientos fueron clasificados principalmente como naturales y accidentales. Algunos cuerpos permanecían bajo resguardo del Servicio Médico Forense desde 2022.
El problema adquiere una dimensión todavía mayor al considerar que, de acuerdo con información periodística publicada en diciembre de 2025, en la fosa común se contabilizaban más de 4 mil personas, incluyendo tanto cuerpos sin identificar como personas identificadas cuyos restos nunca fueron reclamados.
Esta diferencia resulta fundamental, debido a que no existe una cifra pública actualizada y desglosada que permita establecer cuántos cuerpos permanecen realmente sin identidad, cuántos han sido reconocidos mediante procedimientos científicos y cuántos fueron entregados a sus familiares.
Para las madres buscadoras, los procedimientos de identificación representan una posibilidad de terminar con años de incertidumbre. La confrontación de perfiles genéticos, huellas dactilares, registros odontológicos, características físicas y demás evidencias forenses constituye una herramienta indispensable para establecer la identidad de los fallecidos.
La Fiscalía ha informado que conserva expedientes con información genética y otros elementos periciales que permiten realizar comparaciones con familiares de personas desaparecidas, incluso después de que los restos hayan sido inhumados.
A esta exigencia se suma la demanda de contar con mejores mecanismos institucionales para enfrentar la desaparición de personas. El pasado 22 de octubre, colectivos y organizaciones defensoras de derechos humanos solicitaron ante el Congreso del Estado la instalación de una mesa interinstitucional para impulsar una legislación estatal en materia de desaparición, con participación directa de las familias.
La jornada en San Rafael se convirtió así en algo más que una ceremonia religiosa. Fue una manifestación de memoria y una exigencia de justicia frente a la incertidumbre de cientos de hogares que siguen esperando información sobre sus familiares.
Porque mientras para unos el Día de Muertos representa la oportunidad de visitar una tumba y colocar flores sobre ella, para las madres buscadoras la tragedia es distinta: no saber dónde están sus seres queridos, si permanecen con vida o si descansan bajo una cruz sin nombre.
