Fundado en 1957 por Narciso Valdez, el establecimiento ha sobrevivido al paso de las décadas gracias a sus hijos y nuevas generaciones; el alcalde Héctor Ortiz Orpinel, invitado por Juarenses A.C., participó en la entrega del reconocimiento a una familia que convirtió el trabajo, la perseverancia y el sabor en parte de la identidad de Ciudad Juárez.
Ciudad Juárez.- Todo comenzó en 1957, cuatro años después de que Narciso Valdez, mejor conocido como Don Chicho, llegara a Ciudad Juárez en 1953 buscando abrirse camino. Primero fueron las aguas frescas y después, desde un sencillo puesto de madera, llegaron los tacos de buche que terminarían por convertirse en una tradición que su familia ha mantenido viva durante casi siete décadas.
Esa historia de esfuerzo, arraigo y continuidad generacional fue reconocida por la asociación civil Juarenses A.C., que invitó al presidente municipal Héctor Rafael Ortiz Orpinel a participar en la entrega de una distinción a Tacos Don Chicho, dentro de la campaña “Sabores Orgullosamente Juarenses”, destinada a rescatar establecimientos con más de medio siglo de presencia en la frontera.
Más que premiar la permanencia de una taquería, el acto puso en primer plano la historia de una familia que se negó a dejar desaparecer el legado construido por sus padres y que, generación tras generación, ha mantenido encendido el negocio, conservando recetas, formas de atención y un vínculo con los juarenses que trasciende lo comercial.
Ortiz Orpinel destacó la importancia de estas historias familiares para entender la construcción de Ciudad Juárez y reconoció a la familia Valdez por conservar un establecimiento que con el paso de los años se transformó en un punto de referencia gastronómica en el primer cuadro de la ciudad.
El alcalde acudió acompañado de su esposa, Angélica Mendoza Beltrán; la directora general de Desarrollo Económico, Tania Maldonado, y la encargada de despacho del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez, Ogla Olivas.
La historia detrás de Don Chicho comenzó mucho antes de que aparecieran los tacos.
Narciso Valdez nació en 1917 y llegó a esta frontera en 1953. Como muchos hombres y mujeres que hicieron de Juárez su nueva casa, realizó distintos trabajos para sostenerse. Elaboró jaulas para pájaros, vendió verduras y buscó diversas alternativas de subsistencia hasta encontrar en la venta de alimentos el camino que marcaría la historia de su familia.
En 1957 comenzó a vender aguas frescas. Tiempo después incorporó los tacos de buche desde aquel modesto puesto de madera, sin imaginar que esa actividad terminaría sobreviviendo al fundador y convirtiéndose en patrimonio afectivo y gastronómico para varias generaciones de fronterizos.
Con los años, el negocio llegó a su establecimiento de la calle Lerdo, donde el buche y el chorizo permanecieron entre los productos más demandados por una clientela formada por generaciones completas.
Detrás del mostrador quedó también una cadena de valores familiares: trabajo diario, disciplina, compromiso, respeto por lo heredado y la decisión de hijos y descendientes de continuar aquello que iniciaron sus padres.
Integrantes de la familia Valdez han participado a lo largo de distintas etapas en la operación del establecimiento, manteniendo la esencia que distinguió a Don Chicho y permitiendo que una pequeña actividad comercial iniciada a mediados del siglo pasado continúe formando parte de la vida cotidiana de Juárez.
El presidente de Juarenses A.C., Pablo Hernández, explicó que este tipo de reconocimientos buscan distinguir a empresas y establecimientos cuya permanencia los ha convertido en parte de la memoria colectiva de la ciudad.
La organización cuenta con 35 años de trayectoria dedicada a recuperar personajes, acontecimientos, tradiciones y espacios que han contribuido a formar la identidad fronteriza.
Dentro de ese esfuerzo surgió “Sabores Orgullosamente Juarenses”, programa enfocado en negocios con una antigüedad de por lo menos 50 años y cuya historia está estrechamente relacionada con el desarrollo social y cultural de la comunidad.
Roberto Barraza, integrante de Juarenses A.C., resaltó que detrás de establecimientos como Don Chicho existen historias de resistencia empresarial y familiar, particularmente porque han enfrentado transformaciones económicas, sociales y urbanas sin abandonar su actividad.
El reconocimiento adquiere además un significado especial en una ciudad construida en buena medida por migrantes procedentes de distintas regiones del país, quienes encontraron en Juárez un sitio para trabajar, formar familias y echar raíces.
Ese proceso de multiculturalidad también terminó reflejándose en la gastronomía fronteriza, donde recetas, ingredientes y costumbres de diferentes regiones se mezclaron hasta adquirir una identidad propia.
En ese mosaico de sabores, los tacos de Don Chicho consiguieron ganarse un lugar.
Jorge Gutiérrez, presidente de la Asociación de Escritores, fue el encargado de recuperar parte de la trayectoria del fundador y del establecimiento, desde la llegada de Narciso Valdez a la frontera hasta la consolidación del negocio familiar.
Las historias recopiladas dentro de “Sabores Orgullosamente Juarenses” serán integradas posteriormente en un libro que pretende documentar los establecimientos, personajes y sabores tradicionales de la ciudad.
El proyecto contempla además utilizar ese material como base para desarrollar una ruta gastronómica, mediante la cual residentes y visitantes puedan recorrer algunos de los negocios que han acompañado durante décadas la transformación urbana de Ciudad Juárez.
Así, el reconocimiento entregado a Tacos Don Chicho terminó siendo algo más que una placa para un establecimiento antiguo.
Fue un homenaje a una familia que decidió no abandonar lo que comenzaron sus padres; a un hombre que llegó a Juárez en 1953 buscando una oportunidad; a un pequeño puesto de madera que nació en 1957 y, principalmente, a una tradición que consiguió pasar del esfuerzo de una generación a las manos de la siguiente.
Porque mientras cambian las calles, los edificios y las generaciones, en la calle Lerdo permanece una historia que comenzó con aguas frescas y tacos de buche y que, casi siete décadas después, continúa sirviéndose sobre una mesa juarense.
