Denuncian despilfarro de 26 millones de pesos mientras los campus se caen a pedazos; acusan al rector Daniel Constance de abandono y decisiones ofensivas
Ciudad Juárez. Chih. 9 septiembre 2025– La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) vive un estallido de inconformidad. Estudiantes de diversos institutos repudiaron el anuncio del concierto de Alejandro Fernández, que representaría un gasto superior a los 26 millones de pesos, calificándolo como un insulto a la comunidad universitaria que todos los días enfrenta baños en ruinas, aulas sin equipamiento, cafeterías indignas y edificios en estado deplorable.
La exigencia es clara: cancelar de inmediato el espectáculo y redirigir cada peso a mejorar la infraestructura educativa. Para los inconformes, la decisión del rector Daniel Constance revela una falta de sensibilidad y un desprecio absoluto por las prioridades reales de la universidad.
“Queremos aulas dignas, no conciertos de lujo”
Los universitarios del ICSA, ICB e IADA alzaron la voz denunciando que sus campus funcionan en condiciones mínimas: sanitarios viejos e insuficientes, laboratorios desactualizados, bibliotecas sin recursos modernos y transporte público deficiente que obliga a cientos de jóvenes a invertir horas en trayectos precarios.
“Somos estudiantes, no público de espectáculos. No queremos un concierto de dos horas mientras nuestras aulas se caen a pedazos”, señalan en un comunicado difundido en redes sociales, que rápidamente ha generado respaldo de otros sectores de la comunidad académica.
La polémica revive un debate nacional: el uso de recursos públicos en actividades de imagen frente a la urgencia de invertir en infraestructura y calidad educativa. En Ciudad Juárez, donde la UACJ concentra a más de 30 mil estudiantes, el gasto millonario en un concierto contrasta con pasillos oscuros, mobiliario desgastado y laboratorios que impiden un aprendizaje competitivo.
Colectivos estudiantiles subrayan que la administración de Daniel Constance “prefiere llenar titulares con espectáculos de lujo antes que cumplir con su responsabilidad de garantizar una educación digna”.
El rector ha quedado en el centro de la tormenta. Sus decisiones son catalogadas como un despilfarro que prioriza la vanidad institucional por encima de la verdadera misión universitaria. “Mientras los alumnos batallamos con instalaciones de tercer mundo, la rectoría gasta millones en un cantante de fama internacional”, reprochan los jóvenes, quienes ya organizan asambleas y protestas para visibilizar la inconformidad.
La demanda estudiantil va más allá de una protesta aislada: se trata de una exigencia política y social que coloca en entredicho la gestión del rector. Los estudiantes piden que los recursos destinados al concierto se utilicen en:
Renovación inmediata de baños, aulas y cafeterías.
Modernización de bibliotecas y laboratorios.
Creación de espacios seguros y funcionales.
Transporte universitario accesible y eficiente.
“Educación primero”
El movimiento resume su postura en una consigna contundente: “Educación primero, espectáculos nunca”. La comunidad universitaria insiste en que el prestigio de la UACJ no se construye con conciertos, sino con infraestructura sólida, investigación, innovación y condiciones dignas para estudiar.
El rector Daniel Constance enfrenta así una de las mayores crisis de credibilidad de su gestión, con una comunidad estudiantil que no está dispuesta a callar ante lo que consideran un agravio histórico contra su derecho a la educación.
El descontento crece mientras se acerca la fecha del espectáculo, y con ello aumenta la presión hacia la administración universitaria, que enfrenta el desafío de responder a una comunidad que, más que entretenimiento, reclama condiciones dignas para formarse como profesionales.
