El grito que detuvo el telón: mujer denuncia brutal agresión en el Teatro Octavio Trías

Ciudad Juárez, Chih.– Eran las 7:15 de la tarde. El público esperaba una noche de teatro, de risas y aplausos. El telón del Octavio Trías se levantaba para dar paso a la obra Pic Nic de la compañía Clau, con butacas y pasillos abarrotados. Pero lo que nadie esperaba era que, entre los reflectores, el drama de ficción sería opacado por un drama real, sangrante y doloroso.

De pronto, Miriam Morales García, exjefa de seguridad del Centro Cultural Paso del Norte, irrumpió en escena. No venía a actuar: venía a denunciar. Sus palabras, cargadas de rabia y desgarro, congelaron al público. “Perdón por interrumpir, pero necesito decirlo: mis compañeros guardias de la empresa particular ERANA me golpearon brutalmente, y por denunciarlo fui despedida”, exclamó, mostrando un rostro marcado por la violencia.

Lo que iba a ser un espectáculo ligero se transformó en un silencio sepulcral. Decenas de espectadores, que segundos antes reían con los primeros diálogos, ahora contenían la respiración ante la confesión de una mujer quebrada, pero decidida a enfrentar a su ciudad de frente.

Miriam relató, con la voz temblorosa, cómo el lunes pasado, a las 17:20 horas, fue emboscada a la entrada del recinto cultural por cuatro compañeros de la misma corporación de seguridad: Yoselin Cervantes, Diana Cervantes, Iván Meléndez y Ángel Osegueda. “Me mordieron la oreja, me golpearon la cabeza, me tiraron al suelo, me patearon. Mientras lo hacían, gritaban: ‘¡Mátala por chismosa!’”, narró ante un público que no podía creer lo que escuchaba.

Incluso su compañera Dulce, que iba con su hijo pequeño de la mano, fue testigo directo de la violencia, pues las agresoras la atacaron sin importar la presencia del menor.

Morales explicó que todo comenzó cuando decidió reportar irregularidades: ausencias de guardias, abandono del recinto y riesgo al patrimonio cultural y a los visitantes. Sus advertencias fueron ignoradas por los supervisores y, según su testimonio, terminaron costándole caro: represalias, golpizas y finalmente el despido. “Yo solo cumplí con mi deber de cuidar este espacio, y me pagaron con violencia”, reclamó.

La escena en el teatro fue un acto de valentía. Miriam, con lágrimas en los ojos y la voz al borde de quebrarse, lanzó un grito que se convirtió en eco de denuncia:
“Si me hubieran matado, hoy sería una cifra más en Juárez. ¿Eso quieren? Soy madre, soy mujer, y lo único que pido es justicia para mí y para mis hijas”.

El público, conmovido, no aplaudió por cortesía: aplaudió en solidaridad, transformando la función en un foro de denuncia.

La exjefa de seguridad aseguró que ya presentó la denuncia formal ante la Fiscalía y la FEM, y pidió apoyo de asociaciones civiles y medios de comunicación. Su mensaje fue claro: no busca venganza, busca justicia en una ciudad marcada por la violencia de género.

La noche que debía estar dedicada al arte terminó por desnudar una de las realidades más crudas de Ciudad Juárez: la violencia contra la mujer, incluso en espacios culturales.

El teatro fue testigo de una denuncia que no solo estremeció a los asistentes, sino que lanzó un reto a las autoridades: responder, investigar y no permitir que otra voz valiente se apague en el silencio de la impunidad.

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